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  • julianamolina

La gratitud

La gratitud como una emoción y no como un formalismo protocolario, “no se te olvide llamar a dar las gracias”, “cada vez que te den algo debes agradecer”, “¿cómo se dice? Gracias, ahhh”. Quizás se debe empezar por ahí, pero ojalá sea solo el punto de partida, ojalá no nos quedemos ahí para siempre porque entonces es fácil confundirse y perderse de tan poderosa emoción.


Con los años he venido descubriendo esto de sentir gratitud; he entendido y experimentado que va mucho más allá del formalismo; incluso pude por fin distinguir la delgada línea que aparentemente tiene con la resignación: “no te quejes que lo tienes todo, debes estar agradecido”.


Entendí muchas veces que ser y estar agradecido era un lugar donde me debía parar, anclar, astillar. Era tan mandatorio que no le daba espacio a la inconformidad, venía con culpa cuando anhelaba más de lo que aparentemente tenía, lo acompañaba una pesada responsabilidad que a veces era difícil de sostener y aparecía un camino triste mayoritariamente. Todo lo contrario a lo que en mi ha producido la gratitud los últimos años.


Este tiempo, ha sido una emoción llena de dicha, me conmueve profundamente, suelo llorar de alegría, me estremece. Con el tiempo y la consciencia ha venido siendo más frecuente, cada vez aparece más en mis días, la elijo más seguido; me ha permitido ser feliz y darme cuenta, estar triste o enojada reconociendo los regalos que me traen esas emociones y recibirlos agradecida hasta el tuétano. Es una emoción que si le da espacio a reconocer que no estoy feliz con lo que tengo, hago o elijo, abriendo una ventana para replantear mis decisiones. Viene con aceptación y dignidad, sin culpa, sin llamadas pendientes por hacer.

Lo bueno de estar en gratitud no es lo que llega a futuro por estarlo, como lo sugiere esa promesa de la “nueva era” que nos invita a agradecer para tener abundancia. El milagro está en el presente, esa es la promesa de abundancia ya cumplida. Estar aquí y ahora, darme cuenta que la vida me sucede, que la elijo, que es generosa y abundante, incluso en esos momentos dolorosos, en aquellos que pareciera no hay nada por dar las gracias, cuando estoy inconforme o la vida no me es suficiente, cuando lo tengo todo y me falta todo. Es una emoción que trasciende el tener, la fortuna o la suerte y es por eso que no nos llena y nos alimenta cuando está en un marco de obligatoriedad. Se siente o no se siente.


Quizás hay maneras de traerla a la consciencia, alguna técnica automatizada puede ser hacer listas en la mañana/noche de todo lo que agradecemos, lo bueno que tenemos, invitándonos una y otra vez a ver lo positivo de cada cosa que toca nuestro corazón. El ejercicio abre la perspectiva y con el tiempo surge la emoción.


Que este año este lleno de esta emoción, con ella la confianza y la aceptación tenemos para lo que venga.


Juliana Molina

Co-creadora del programa No se aBurra

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